Diario La Segunda: Testimonio de Ester Laherrán, Psicóloga de Clínica Bupa Santiago

Tiene una tarea esencial, acompañar a los pacientes más críticos, para que nadie muera solo; y contener en el duelo a los familiares.

Ester Laherrán Cantera se alerta cuando escucha la alarma azul que anuncia un momento crítico en Clínica Bupa Santiago. Si por altoparlantes escucha su nombre, sabe que tiene que correr en ayuda de alguien que la necesita.

Tiene 26 años, nació en Valladolid, y es Psicóloga de la Universidad Pontificia de Salamanca. Su máster en Psicología Clínica lo hizo en Madrid. Observó con dolor lo que estaba sucediendo en su país y presentó un plan de salud mental para pacientes, familias, personal médico y colaboradores. Desde el 1 de abril, es la Coordinadora del Programa de Apoyo Sicológico de Clínica Bupa Santiago.

Ester llegó hace tres años a Chile para hacer un intercambio con la UDD, trabajó en el Hospital del Salvador, y se enamoró del país. 'Me encantó la forma cómo en Chile se trabaja y se vive. Yo pasé acá el estallido y estaba sola, pero confío mucho en la inteligencia emocional de los chilenos. Nunca sentí miedo. Yo tengo algo con este país', dice ella. Se quedó unos meses para recorrer, voló a España y rápidamente regresó para terminar un máster en Terapia Gestalt en Chile.

'En la clínica todos estamos poniendo nuestras fuerzas y recursos para aportar a la superación de la crisis provocada por el covid-19. Este programa tiene como fin la atención humanizada de las personas. Tenemos que intervenir ahora, porque las consecuencias de estrés postraumático, después de esta pandemia, van a ser muy grandes'.

Son dos psicólogas las que están a cargo de comunicar a los pacientes con sus familiares. 'Porque cuando tú no sabes sobre algo, interpretas. Nosotros no podemos entregar diagnósticos médicos, pero a veces informarles sobre un cambio de habitación es muy importante. Acá no pueden pasar más de 24 horas sin saber de un paciente, porque eso provoca angustia y ansiedad', explica.

Crearon un protocolo para que un paciente nunca fallezca solo y es ella misma la que acompaña también a la familia del un paciente que muere. 'Yo me hago cargo de la contención, los acompaño a la sala de deudos. Ellos vienen con muchas reacciones emocionales distintas, porque uno nunca está preparado para la muerte. Ni aunque se trate de un cáncer, cuando las familias viven lo que se llama un duelo anticipado', sostiene Ester.

'Muchas veces saben que el paciente (con covid) está muy mal y va empeorando. Pero otras veces, el paciente está bien, reacciona bien a los medicamentos y, de repente, colapsa y hace un paro cardiorrespiratorio. Ese es el momento más duro porque nadie lo espera. Ni nosotros. Nos pasó la semana pasada. Y la familia llegó totalmente destruida, en shock, eran incapaces de hablarle a nadie. Ahí pensé en el dolor que está provocando este virus, en la salud mental y física'.

'Es necesario estar triste'

'Para mí es muy doloroso saber que si le pasa algo a un pariente yo no me voy a poder despedir', añade Ester, que dejó en España a su madre abogada, padre psicólogo y una hermana doctora. 'He aprendido de ellos trabajo, el sacrificio y la constancia. Y también el deporte y la vida saludable', relata.

'El agotamiento físico y mental por el que estamos atravesando no tiene precedentes. Por eso hacemos pausas saludables, terapias de grupo o individuales e intervenciones en crisis, las que tienen mayor demanda estos días. Algunos profesionales de la UCI, por ejemplo, se ven a veces desbordados y necesitan asistencia psicológica de emergencia ante fallecimientos o intubaciones, que se hacen muy complejas. Son muy necesarios los primeros auxilios psicológicos. El burnout, el agotamiento físico y psicológico lo estamos cubriendo. Muchas veces yo he escuchado acá: ‘Tengo que seguir'. Pese al estrés que provoca esta situación tan extrema, con pacientes muy graves y una demanda que nunca para. No sabemos si estamos acá 20 o 25 horas, pero el compromiso que tenemos hace que sigamos. Nos tocan situaciones muy fuertes, que jamás pensé en vivir'.

—Thomas Attig, doctor en Filosofía que ha escrito sobre cómo enfrentar la muerte, dice: 'Aunque la pérdida de un ser querido es un acontecimiento que no puede escogerse, la elaboración del duelo es un proceso activo lleno de posibilidades'.

—Sobrellevar la pérdida de un amigo o un familiar puede ser uno de los mayores retos que tengamos que enfrentar. Podemos ver la pérdida como parte natural de la vida, pero nos puede embargar el golpe y la confusión. Eso puede dar lugar a grandes períodos de tristeza o depresión. Cuando no es posible el contacto físico, ni muchas veces una despedida, es muy importante la expresión de las emociones. Yo siempre les digo a mis pacientes: 'Tú has vivido un hecho traumático, es necesario estar triste'. Tenemos que actuar acorde a la situación que estamos viviendo. Si es una situación muy dolorosa, tenemos que estar en profundo dolor. Es muy importante apoyarse en el entorno, mantener hábitos saludables. Porque una muerte nunca se supera, uno aprende a vivir con esa muerte.

—Cuando nos vemos despojados de nuestros ritos tradicionales, ¿hay otro tipo de ritos que elaborar?

El coronavirus nos ha cambiado la forma de vivir y también tiene que cambiarnos la forma de morir. Nosotros sugerimos hacer algún rito de despedida, escribir una carta, por ejemplo, hacer un pequeño altar, escuchar alguna canción, a veces un Padre Nuestro. ¿Qué es lo que tú necesitas para despedir honorablemente a esta persona? Eso es. Lo importante es que se de permiso a la pena.

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